La propuesta de la huerta escolar en la sala de 5 años representa una oportunidad valiosa para que los niños y las niñas interactúen con el entorno natural de forma activa, vivencial y cooperativa.
Al plantar, regar, observar el crecimiento y cosechar, se favorecen aprendizajes significativos relativos al ambiente, la alimentación saludable y el cuidado del otro. Asimismo, esta experiencia concreta fomenta la curiosidad, la motricidad fina (al manipular tierra, semillas y herramientas pequeñas), y las habilidades sociales al trabajar en equipo.
Desde el marco del Diseño Curricular para la Educación Inicial se reconocen entre los ejes de experiencia la exploración del ambiente social, natural y tecnológico, y los ejes transversales de juego y educación ambiental. De esta manera, trabajar en la huerta responde al desarrollo integral de los niños y niñas, promoviendo no sólo saberes académicos incipientes, sino también actitudes de cuidado, responsabilidad, pertenencia y conocimiento del mundo vivo.
En resumen, la huerta escolar en el Nivel Inicial constituye un espacio de aprendizaje activo, interdisciplinario y contextualizado: conecta lenguaje, ciencia, cuerpo, vínculo comunitario y naturaleza, dando sentido y disfrute al aprendizaje desde los primeros años.

